El pasado 22 de agosto, los estudiantes de grado 7° y 8°, participaron en la salida pedagógica en Tobia, un destino reconocido por su exuberante naturaleza y sus emocionantes actividades extremas. Desde muy temprano, el entusiasmo se hizo sentir: mochilas listas, sonrisas compartidas y una energía colectiva que anticipaba un día lleno de experiencias significativas.


Al llegar, la primera actividad fue el rafting, una travesía por el río negro que exigió coordinación, confianza y trabajo en equipo. Entre remos, risas y salpicaduras, los estudiantes enfrentaron el desafío con valentía, demostrando que el aprendizaje también ocurre en movimiento, en contacto con el entorno y en la construcción de vínculos, también realizaron el salto de confianza donde todos los estudiantes desafiaron su temor a las alturas brincando desde una piedra a más de tres metros.
Luego, el grupo disfrutó de un espacio de recreación en la piscina, donde el juego espontáneo y la convivencia marcaron el ritmo. Este momento permitió que los estudiantes se conectaran desde lo lúdico, fortaleciendo lazos y compartiendo fuera del contexto habitual del aula.

El almuerzo fue un momento de pausa y recarga, seguido por un tiempo libre en el que cada estudiante pudo explorar las instalaciones a su ritmo. Juegos como el billar, la tradicional rana y otras actividades recreativas ofrecieron oportunidades para relajarse, conversar y disfrutar de la compañía mutua en un ambiente distendido.
La jornada culminó con una actividad de integración y reflexión, en la que se invitó a los estudiantes a pensar en el sentido simbólico de las salidas de campo. A través de dinámicas grupales y preguntas abiertas, se abordaron temas como el valor del encuentro, el aprendizaje experiencial y la importancia de construir memorias colectivas que trascienden lo académico. Fue un espacio para mirar hacia adentro, reconocer al otro y comprender que cada experiencia compartida deja una huella.


Más que una excursión, la salida a Tobia fue una oportunidad para vivir el aprendizaje desde lo emocional, lo físico y lo simbólico. Una jornada que reafirma que la educación también se construye en el viaje, en el juego, en el río y en la reflexión.