LA CRIANZA SIN LIMITES
Los docentes afrontamos diversas situaciones con los estudiantes, y en realidad, la raíz del problema no proviene directamente de ellos.
En muchas familias, no en todas, pero sí en una gran mayoría, se ha implantado un olvido o desconocimiento del deber parental. Se ha perdido la noción de educar, de establecer normas, lo que da lugar a niños y jóvenes caprichosos, emocionalmente frágiles, criados en burbujas de cristal donde ellos son el centro. Han recibido de todo a cambio de nada, sin ningún tipo de control. En numerosas ocasiones, los padres permiten juguetes innecesarios que usan de manera indiscriminada, excesivos caprichos o actividades extracurriculares cuyo único fin es mantener a los hijos ocupados para así ganar tiempo libre. También se promueven fiestas de cumpleaños fastuosas —como pequeñas bodas— desde el primer año de vida, se les da siempre la razón para evitar conflictos, se regalan móviles sin supervisión como «premios estrella» o tablets desde los cuatro años en lugar de un simple sonajero.
Esta crianza sin límites, presente en muchos hogares, se caracteriza por la ausencia de sacrificio y esfuerzo por parte de los padres, el exceso de privilegios, la sobreprotección, la incapacidad de negar algo al hijo y la falta de normas u obligaciones. Una larga lista de errores educativos que derivan en mentes mal formadas, con graves carencias en todos los aspectos.
Ante esto, la educación representa para padres y docentes una responsabilidad compartida, un reto ineludible que debe inspirar esfuerzo, dedicación, amor y una exigencia coherente.
«La crianza de los hijos implica establecer límites y brindar apoyo emocional»
Jorge Armando Ascencio Chaparro
Docente de sociales, ética y religión.